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Prueba: Mazda CX-7 2.2 CRTD 173 CV Luxury (2/2)


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Pirmera parte: Habitáculo, primeras impresiones y equipo

En la primera parte que pudiste leer ayer, te comentaba que el aspecto del Mazda CX-7 es atrevido y muy deportivo. En esta entrega descubrirás que no es sólo fachada y que tanto en comportamiento como por prestaciones y consumos, queda realmente bien situado en el mercado.

En muchas ocasiones la apariencia de un determinado vehículo puede no corresponderse con los resultados que luego se obtienen a sus mandos. Es el caso de los típicos lobos con piel de cordero, que bajo un aspecto muy sencillito esconden máquinas muy eficaces (por ejemplo el Subaru Impreza WRX). Por supuesto, también nos hemos encontrado coches a los que les pasa lo contrario, con denominaciones que pueden llegar a confundir al usuario (Peugeot 107 R-Line, TATA Indica Sport, etc). Esto no te ocurrirá en el CX-7. Lo que ves es lo que ofrece. Dinamismo, buenas maneras y una destacable capacidad motriz en casi todo tipo de circunstancias son sus señas de identidad, y todo ello sin resultar incómodo.

CONVINCENTE EN TODO TIPO DE TRAZADOS

No hace falta estar muchos días al volante del SUV de Mazda para darse cuenta de lo bien afinado que está el bastidor. Desde el momento en el que me dieron las llaves algo me decía que no me iba a decepcionar, y no sólo no lo hizo, sino que me sorprendió para bien. En ciertas circunstancias los todocaminos suelen mostrar una tendencia -lógica- a irse de morro, especialmente en curvas viradas en las que tanto el peso como las dimensiones pasan factura. En el CX-7 no sentirás esto en ningún momento, con unas reacciones más propias de un turismo que de un SUV. Aunque comparativamente no tienen nada que ver, hacía pocos días que me había bajado de un Qashqai 2010 y ya te comentaba que el comportamiento era muy bueno, salvo en trazados de montaña en los que la mayor altura restaba confianza. El CX-7 está tan bien calibrado que sin perjudicar el confort consigue un paso por curva sensacional, con apoyos muy sólidos y balanceos muy comedidos. Casi un GTi.



Durante un recorrido por la sierra norte de Madrid, en un tramo con sucesión de curvas lentas, el CX-7 se movía con una agilidad inusual, e incluso invitaba a incrementar el ritmo. La tracción total es decisiva para lograr tan buenos resultados, asegurando un mayor agarre especialmente a la salida de las curvas una vez empezamos a acelerar. A sus mandos me he sentido tan cómodo como en compactos convencionales (un Focus, por ejemplo), pero a los que mejora en autopista, con una pisada mucho más convincente y propia de un segmento D como el Mondeo. La estabilidad lineal a alta velocidad también es destacable, y el viento lateral, que puede suponer un problema en vehículos similares, apenas lo sentimos.

Aunque el control de estabilidad es un elemento imprescindible hoy día, yo soy de la opinión de los que cree que un bastidor bien afinado debería ayudar a sacarte del apuro sin necesidad de la electrónica. En el CX-7 esto sucede, y casi podríamos mandar al ESP a las filas del paro dado lo poco que trabaja. Salvo en caminos de tierra o en nieve, pocas veces entra en acción (junto al control de tracción) y lo hace más para modificar la entrega de par que para corregir una trayectoria mal fijada. Y repito, todo esto sería esperable en un turismo convencional pero en un SUV con cierta altura al suelo, un centro de gravedad más elevado y un peso considerable, es cuanto menos sorprendente. Y ya que he mencionado los caminos, aunque se defiende bien fuera del asfalto, hay que tener muy presente que no es un 4x4 puro, teniendo que vigilar que las dificultades a superar no dañen los bajos y que la monta neumático/llanta está enfocada para un uso asfáltico. En uso exclusivamente off-road queda por detrás de modelos similares.

El tarado de las suspensiones me ha parecido muy equilibrado y siendo duritas, no afectan en exceso al confort, resultando cómodo en viajes. El compromiso logrado es estupendo y un buen ejemplo de que un producto con carácter dinámico no tiene que destrozarte la espalda con botes secos en cuanto la carretera se degrada un poco.



Ágil y ligero a sus mandos

En ciudad se conduce con facilidad, agradecido por la mayor altura respecto a otros vehículos que nos deja controlar lo que sucede por delante. A la hora de aparcar la cámara de visión de posterior es una ayuda interesante, pero no se indican las guías que marcan la trayectoria correcta ni tiene los típicos pitidos. Habrían venido bien unos sensores para la parte delantera, ya que desde el volante no se ve donde termina el morro. Pese a esto, es suficientemente manejable.

Frenos y dirección también me han gustado. Los primeros tienen una resistencia a la fatiga correcta y su dosificación es muy buena, con un recorrido de pedal muy progresivo. La dirección por su parte muestra una asistencia suficiente para ciudad (y sus respectivas maniobras), y la dureza correcta para no tener que estar corrigiendo constantemente cuando circulamos a ciertas velocidades ya elevadas.

Un detalle que me ha parecido muy útil es el asistente de cambio de carril, que en Mazda denominan RVM. Ya sea por el testigo luminoso situado en los retrovisores o por el pitido que emite, asegura que los vehículos que normalmente quedan escondidos en el ángulo muerto sean localizados. Sólo en dos ocasiones me avisó de que había un vehículo cuando no era cierto, pero en todas en las que sí lo había, funcionó correctamente.

UN MOTOR MUY ESPERADO

Desde el inicio de la comercialización del CX-7 en Europa, muchos han sido los que demandaban una mecánica diésel que en el día a día resultara más económica que el estupendo pero gastón 2.3i Turbo de 260 CV. Y finalmente llegó en el último trimestre del 2009. Tomando el motor 2.2 CRTD ya visto en el Mazda6, la firma ha modificado su funcionamiento para adaptarlo al CX-7, desarrollando 173 CV y un par máximo de 400 Nm. Además es el primer vehículo de origen japonés equipado con el Sistema de Reducción Catalítica Selectiva o SCR. Este sistema purifica los gases que expulsa el motor gracias al empleo del spray AdBlue, lo que genera una reacción química capaz de convertir el 40% de NOx en nitrógeno inocuo.

En parado esta mecánica suena a diésel, aunque la insonorización es buena y no es molesto en el habitáculo. Mejor es el nivel de vibraciones, casi inapreciables incluso en frío. En marcha todo esto mejora y sólo algunos ruidos aerodinámicos se dejan sentir a partir de ciertas velocidades ya elevadas. Su funcionamiento es muy fino y, aunque las aceleraciones son normales, tiene una capacidad para recuperar destacable, pudiendo incluso ganar velocidad con avidez circulando a 70 km/h en sexta. Por tanto la buena capacidad de recuperación permite realizar adelantamientos de manera segura y rápida.

El cambio empleado en este modelo es manual con seis velocidades. Sus desarrollos están bien escogidos, con una sexta larga y las otras cinco correctamente escalonadas. Su manejo es bueno por guiado y precisión, aunque al tacto me ha parecido algo duro.

Buenos consumos

Dado el peso, aerodinámica y tamaño del CX-7, los consumos se pueden considerar contenidos. Lo normal es que se obtengan cifras cercanas a los 8 L/100, aunque a poco que te lo propongas podrás lograr medias de 7 L/100. En el caótico tráfico madrileño, con atascos importantes el gasto fue de 9,7 L/100 mientras que en autopista, a velocidad constante (120 km/h) ronda los 7,5 L/100. Es en vías de secundarias en las que este Mazda puede sorprender con registros que rebajan los 6,0 L/100 (cuidando un poco las maneras y no superando los 90-100 km/h). Por último en conducción deportiva tampoco se eleva demasiado, oscilando entre los 11,5 y 12,5 L/100.

Algunos datos

  • Cilindrada: 2.184cc
  • Potencia: 173 CV
  • Par máximo: 400 Nm
  • Velocidad máxima: 200 km/h
  • Aceleración 0-100: 11,3 seg
  • Consumo medio: 7,5 L/100
  • Emisiones de CO2: 199 g/km
  • Cambio: manual de seis velocidades
  • Tracción: integral a las cuatro ruedas
  • Longitud: 4,68 metros
  • Anchura: 1,87 metros
  • Altura: 1,64 metros
  • Batalla: 2,75 metros
  • Depósito: 69 litros
  • Maletero: 455 litros

VIRTUDES

  • Comportamiento dinámico
  • Equipamiento completo
  • Buena relación prestaciones-consumos

DEFECTOS

  • Calidad de algunos materiales
  • Aptitudes 4x4
  • Maletero algo justo

VALORACIÓN: 8,0

  • Habitabilidad: 7,5
  • Maletero: 6,5
  • Calidad percibida: 7,0
  • Sonoridad: 8,0
  • Confort de marcha: 8,0
  • Comportamiento en campo: 7,0
  • Comportamiento: 9,5
  • Frenos: 8,5
  • Dirección: 8,0
  • Cambio: 8,0
  • Prestaciones: 8,0
  • Aceleración: 7,5
  • Recuperaciones: 8.5
  • Consumos: 8,0
  • Equipamiento: 9,0
  • Valor-Precio: 8.5

CONCLUSIÓN

El Mazda CX-7 resulta ser un producto muy equilibrado en todos los sentidos. Su diseño deportivo y diferenciado se acompaña de un comportamiento en carretera sensacional, permitiendo además circular por caminos sin complicaciones. En su interior se viaja cómodo y hay espacio suficiente para cuatro adultos y su equipaje, aunque el maletero no destaca por grande. La peor parte se la llevan los materiales duros, pero no hay pegas en cuanto a la terminación y los ajustes. Me ha parecido una opción muy recomendable entre los SUV medianos y una estupenda alternativa a las berlinas del segmento D.


Texto y fotos por Enrique García (también en Facebook)

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