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Prueba: Mazda CX-7 2.2 CRTD 173 CV Luxury (1/2)


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Aprovechando un encuentro para medios online organizado por Mazda, la firma japonesa puso a nuestra disposición una unidad del CX-7 con motor diésel, el cual he podido probar durante unos días. No hace falta ser un lince para afirmar que con la introducción del bloque 2.2 CRTD, los atractivos del todocamino en el mercado español se han multiplicado por 173; justo los caballos que desarrolla.

Y es que aunque el CX-7 lleva ya unos años entre nosotros, su motor de gasolina con 2,3 litros y 260 CV limitaba enormemente su difusión. No es que sea excesivamente gastón, pero nada tiene que ver con el consumo habitual de los diésel del segmento. Desde el lanzamiento del motor a gasoil las ventas se han disparado, superando ampliamente el centenar de unidades al mes, algo que no ocurría con el DISI Turbo.

La gama CX-7 presentada recientemente no solo añade el motor diésel, sino que recibe modificaciones estéticas en cierto modo importantes. Estos cambios afectan a la parrilla, elementos cromados y faros antiniebla. Todo esto consigue incrementar todavía más su carácter deportivo, y casi podríamos decir que es el GTi de los SUVs medianos, relevando al RAV4, fundador de este particular subsegmento y que en las últimas generaciones se ha ido aburguesando. Posicionarlo de todos modos es muy complicado. Frente a un BMW X3 pierde en acabados, pero en comportamiento no tiene nada que envidiar, mientras que contra un VW Tiguan resulta menos aburrido y más pasional.

No sé si será por los bonitos pasos de rueda que en su parte delantera sirven para situar las ópticas principales o por el color blanco nacarado de la unidad probada, pero en los días que he podido disfrutar del CX-7 han sido muchos los que han girado la cabeza para admirar sus líneas. Es muy llamativo y gusta mucho, especialmente su frontal, decididamente deportivo. Las bonitas llantas de aleación de 19 pulgadas y los cristales tintados junto a las ópticas posteriores con carcasa translúcida, terminan de redondear un conjunto en el que la discreción no tiene cabida. Es descarado, atrevido y juvenil.

INTERIOR

Tras el flechazo inicial toca analizar su habitáculo. Con la llave en el bolsillo, sólo tenemos que presionar un pequeño botón situado en la maneta para que desbloquee sus puertas. En el caso de que algún desinhibidor de señal nos complique la vida, en el mando hay escondida una llave convencional que permite tanto la apertura como el arranque, cosa que se agradece. Al abrir la puerta, lo primero que me llama la atención es el bonito salpicadero. Su diseño es muy personal, con un toque dinámico que para nada desluce la practicidad, y que combina colores metálicos y en negro piano. Al tacto nos llevamos una sorpresa, y no precisamente buena: todos los materiales son duros salvo en la parte central de las puertas y la tapa de la consola central, que están tapizadas en símil cuero. En Mazda nos comentan que están pensados para durar, y aunque posiblemente sea cierto, a mi me parece un claro ejemplo de ahorro de costes. Eso sí, no hay malos ajustes ni he escuchado ruidos parásitos o crujidos, lo que indica una terminación adecuada (juntas perfectamente ensambladas y total ausencia de rebabas y bordes cortantes).

Con el restyling aparecen una nueva pantalla multifunción (MID) y un volante desde el que podemos controlar más elementos. En los Luxury además se ha mejorado la calidad de la tapicería de piel y tanto el asiento del conductor como el del acompañante presumen de reglaje eléctrico. Y esto es sólo un ejemplo de las mejoras, porque la zona superior del salpicadero y la instrumentación también han recibido una importante actualización. Y es que el cuadro de relojes es de lo más llamativo, con tres esferas tridimensionales iluminadas en rojo/azul. Completando la información convencional, disponemos de dos pantallas, una con los datos del equipo de audio, climatización, Bluetooth y control por voz, y otra a color con el mantenimiento, navegador, consumos y velocidad media, además de la cámara de visión posterior, también de serie en este acabado.

La disposición de todos los elementos es muy coherente y cómoda. Me ha gustado que el botón de las luces de emergencia tenga un tamaño superior al resto, lo que facilita su localización. Otro buen detalle es que al presionar alguna tecla siempre hay un pitido que lo indica (por ejemplo, al activar la luneta térmica). Tanto el equipo de sonido como el climatizador son muy sencillos de manejar y no me hizo falta el manual de instrucciones para poder entender su funcionamiento. Esto las personas menos amigas de la tecnología lo tendrán muy en cuenta (hay algunos vehículos que casi necesitan de un cursillo para entenderlos). La única pega es el tamaño de la pantalla MID a color, que con 4,1 pulgadas se queda un tanto pequeña para algunas funciones como el navegador y el asistente para el aparcamiento.

Asientos cómodos

Uno de los aspectos que más me ha gustado del interior del CX-7 son sus asientos. Con una longitud de banqueta correcta, además sujetan lo suficiente para no ir de lado a lado en carreteras viradas, todo esto a pesar del tapizado en piel, que suele ser más resbaladizo que la tela convencional. Encontrar una postura correcta al volante es muy sencillo gracias al reglaje eléctrico para la altura, banqueta y respaldo, dejando sólo el ajuste lumbar con manejo manual.

En las plazas delanteras el espacio es más que satisfactorio. Posiblemente los más altos tengan algún encontronazo con la parte inferior de la consola central, que puede rozar con la rodilla derecha del conductor. En las posteriores el espacio es correcto a lo largo y bueno a lo ancho. En cuanto a la altura para las cabezas, la cota es destacable ya que incluso en esta unidad equipada con techo solar hay hueco más que de sobra. Con los cristales tintados -de serie- además se garantiza un interior menos caluroso en verano.

El maletero es algo pequeño por capacidad (455 litros), pero las posibilidades de carga se multiplican si abatimos los asientos posteriores (1.348 litros). Para realizar esta operación no hay mecanismo manual más sencillo que el Karakuri de Mazda. Con sólo presionar una palanca en el maletero, los respaldos caen por sí solos hacía delante. La superficie de carga no queda totalmente plana, pero no hay escalones que te compliquen la vida.

Equipamiento muy completo

Como he comentado unas líneas más arriba, la dotación del CX-7 Luxury es muy completa. Entre lo más destacable podemos mencionar:

  • ABS + EBD
  • Controles de estabilidad y tracción
  • Sensor de presión de los neumáticos
  • Airbags frontales, laterales y de cortina
  • Faros antiniebla
  • Faros de xenón
  • Lavafaros
  • Control de velocidad
  • Sensor de lluvia
  • Sensor de luces
  • Espejo interior fotosensible
  • Cámara de visión posterior
  • Sistema de navegación
  • Bluetooth
  • Control por voz
  • Equipo de sonido Bose con cargador
  • Climatizador automático
  • Ordenador de viaje
  • Pantalla multifunción MID
  • Espejos eléctricos y térmicos
  • Espejos abatibles con mando eléctrico
  • Tapizado en piel
  • Asientos con calefacción
  • Asientos delanteros eléctricos
  • Llantas de aleación de 19 pulgadas
  • Detalles cromados
  • Decoración interior en negro piano
  • Cola de escape cromada
  • Alerta de cambio de carril RVM
  • Alarma antirrobo
  • Acceso y arranque sin llave

Entre las opciones sólo encontramos el techo solar eléctrico y la pintura metalizada. El precio base del CX-7 2.2 CRTD Luxury es de 36.450 €, aunque si te gusta tal cual lo ves en las fotos deberás sumar el techo deslizante, con lo que el precio final asciende hasta los 37.200 €, sin descuentos ni promociones (si las hubiera). Si no te hace falta tanto equipo, posiblemente te parezca mucho más razonable el acabado Active, que por 30.800 € ya incluye los elementos necesarios en seguridad y confort de serie, como el control de estabilidad, equipo de sonido, climatizador e incluso llantas de aleación de 18 pulgadas. En término medio queda el Active+, que por 33.450 € añade el navegador, bluetooth, paquete visibilidad, control de velocidad, alarma y cámara de visión posterior entre otras cosas.

Los posibles rivales del Mazda CX-7 son muchos, aunque directos realmente no hay. Con potencias que ronden los 170 CV están los Renault Koleos, VW Tiguan, Audi Q5, BMW X3 y el Volvo XC60. Los generalistas están parejos por precio (algo por encima el Tiguan en cuanto igualamos dotación), y los premium se alejan incluso con el equipamiento pelado, aunque es justo reconocer que la actual oferta del X3 deja un xDrive20d por 36.900 €, pero siempre con menos elementos estándard. Por tanto juega en tierra de nadie y con la ventaja de su buena relación equipamiento-precio.

Y hasta aquí la primera parte. Mañana te contaremos todos los detalles sobre el comportamiento, consumos, prestaciones y las distintas valoraciones. Hasta entonces, disfruta de la galería de imágenes...

SEGUNDA PARTE


Texto y fotos por Enrique García (búscame en Facebook)

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