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Categorías: Subaru, Garaje, SUV y todoterrenos, Familiares

Prueba: Subaru Outback 2.0 Bóxer Diésel Classic (2/2)


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Primera parte: Habitáculo, equipamiento y acabados

BUEN COMPAÑERO DE VIAJE

El Outback es un automóvil pensado para disfrutar conduciendo. Aunque es cierto que la mayor altura de la carrocería altera ligeramente la sensación de estabilidad en los primeros instantes, una vez pillado el truco, se muestra fácil de manejar, muy seguro y especialmente cómodo.

Respecto al Legacy SW, como decía al principio, el Outback tiene una suspensión sobre-elevada que es la causante de las oscilaciones de la carrocería (el tarado empleado también es más blando). Sin embargo para un uso mixto por vías en mal estado, esos centímetros suplementarios son bien recibidos y habrá menos posibilidades de rozar con alguna piedra los bajos del vehículo. Y repito que aunque hay inclinación, que nadie se asuste pues en ningún caso son exageradas (una vez que apoya, ya no hay quién lo mueva de ahí).

Una característica que me ha parecido sensacional del Outback es la facilidad con la que se puede circular por cualquier tipo de vía y lo bien que se adapta a los diferentes tipos de conducción (dinámico, relajado, en familia, etc).

SUS 4,70 METROS NO SON UN OBSTACULO EN CIUDAD

Sorprendido me ha dejado el Outback circulando por ciudad. Pocos vehículos son tan cómodos de conducir en el tan caótico tráfico madrileño. La mayor altura de su carrocería permite controlar mejor lo que sucede por delante mientras que la gran superficie acristalada no deja ángulos imposibles. A esto hay que sumar unos pilares bastante finos que aumentan aún más la visibilidad. A la hora de aparcar, los 4,7 metros complican un tanto el encontrar un hueco, pero de dar con uno la maniobra se realiza en pocos segundos. Puede que sea por la terminación del portón o por la buena visibilidad, pero lo cierto es que me ha parecido más fácil de estacionar que vehículos más pequeños (y soy usuario habitual de un urbano bastante pequeño). En definitiva es un automóvil que cumple en el día a día por la ciudad y que no se siente grande a pesar de las dimensiones. Otro dato interesante, su radio de giro: en pocos metros es capaz de realizar un cambio de sentido y, como sucedía con el Forester, puede dejar en ridículo a muchos automóviles pequeños.

HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ

Como si de Buzz Lightyear se tratara, con el Outback podemos proclamar (y acometer) nuestros sueños de aventura sin el menor miedo. Los cómodos asientos junto con la reducida sonoridad y la ausencia de vibraciones, hacen que el Outback sea un excelente compañero de viaje. Los consumos, muy bajos, no nos obligarán a parar cada poco, y será nuestro cuerpo el que pida un alto en el camino. Ya sean curvas rápidas o trazados completamente rectos, el Subaru muestra un aplomo ejemplar. Importante es su buena estabilidad con viento lateral, que no obliga a corregir constantemente la trayectoria con el volante. Y hablando del volante, el tacto de la dirección es bueno hasta los 120 km/h y aunque se mantiene en términos muy aceptables, a partir de ahí se siente algo más asistida de lo deseable. Eso sí, transmite correctamente todo lo que ocurre al conductor.

Por su parte los frenos no han destacado por su eficacia pura, pero detiene al Outback en pocos metros (sin marcar récords). Lo que sí soporta bien por encima de la media es la fatiga y los excesos y ya pueden estar calientes que responden con energía.

Otro punto que me ha gustado es la iluminación, con unos faros de xenón que evitan el cansancio al circular de noche y mejoran la visibilidad notablemente frente a unos halógenos convencionales.

CARRETERA Y MANTA

En carreteras secundarias el Outback tiene si cabe más razón de ser. Donde otros modelos son algo incómodos por los molestos baches o las curvas cerradas, el Subaru nos deleita con una suspensión capaz de absorber las irregularidades con suavidad, dejando que los pasajeros disfruten del trayecto al evitar que las ruedas reboten. La tracción total es un elemento que aporta una seguridad incuestionable en todo momento, y enlaza trazados sinuosos con una facilidad pasmosa. No hay que olvidar que la configuración del motor, bóxer, permite rebajar el centro de gravedad y por tanto mejorar el comportamiento en general.

En carreteras de montaña el Outback vuelve a sorprender. Es cierto que no es el más ágil de la competencia, pero curva tras curva no desliza y la trasera sigue fiel el camino marcado, sin descomponerse. Basta decir que donde otros perderían el culo, el Subi sigue su camino sin rechistar. Y si jugamos contra las leyes de la física, ahí está el control de estabilidad para evitar sustos -cabe mencionar que este elemento no actúa así por así y sólo lo hace en ocasiones puntuales, cuando verdaderamente es necesario-. Pese a no estar concebido para una conducción muy alocada, podemos circular muy rápido con sensación de seguridad muy gratificante.

PISTAS SÍ, PERO NO CAMPO

Una de las mayores pegas del Outback es la ausencia de reductora. Este elemento es el que limita en mayor medida sus posibilidades fuera del asfalto. Para circular por pistas no hay problemas pero adentrarse en terrenos complicados no es conveniente, pues no siempre tendremos garantías de poder salir. Por ello se convierte en un automóvil ideal para circular por zonas rurales, en las que un turismo convencional no siempre podría llegar al destino por la poca altura de su carrocería. También es un compañero estupendo para los amantes de la nieve y deportes acuáticos, aquí más por la buena combinación entre espacio disponible y capacidad motriz, que por su comportamiento en sí, que como ya he comentado, es francamente bueno.

CONSUMOS MUY BAJOS Y BUENAS PRESTACIONES

El motor del Outback de nuestra prueba es el mismo que hace unas semanas testábamos en el Forester, es decir, el Bóxer Diésel de dos litros. Con 150 CV de potencia las prestaciones en todas las mediciones son bastante aceptables. Es cierto que por debajo de las 1.800 rpm no hay mucha vida, pero desde ese punto y hasta las 4.000 rpm el motor entrega lo mejor de sí mismo, siendo muy resolutivo en cualquier circunstancia. Asociado en este caso a un cambio de cinco velocidades, mantiene un nivel de consumos muy bajo pero con una marcha más se podría haber mejorado este registro y a su vez, las prestaciones (en especial las recuperaciones). El funcionamiento general del motor es extraordinario por su baja sonoridad y la ausencia de vibraciones. Bien es cierto que en parado o en aceleraciones fuertes suena a diésel, pero a velocidades constantes la rumorosidad es incluso menos que en muchos otros vehículos de gasolina.

Y llegamos a una de las partes más negativas del Outback. No sólo el tener cinco velocidades ya es un hándicap en la actualidad (casi todos los rivales recurren a una con seis) sino que además el accionamiento del mismo es tosco, lento e impreciso en primera y marcha atrás. Es verdad que en movimiento las cosas mejoran y no cuesta tanto engranar las velocidades, pero en parado a veces se hace arto difícil insertar la reversa.

Para poner en marcha el motor es necesario girar la llave y pisar el embrague. Sólo en el acabado Limited Plus se incluye el arranque y acceso sin llave, que suma un botón para encender y apagar el motor (como en el Forester probado hace días).

Como habíamos comentado unas líneas más arriba, los consumos son muy buenos, especialmente teniendo en cuenta que tiene tracción total, mide 4,7 metros , no es precisamente ligero y tanto la altura como la aerodinámica no ayudan demasiado.

A lo largo de los días de la prueba, la media combinada ha sido de 6,9 L/100 km, algo más elevada de lo previsto aunque normal dado que una mayoría de los kilómetros se han realizado en ciudad. En carreteras secundarias las cifras son muy buenas, con números que rondan los 5 L/100. Ya en autopista y a 120 km/h de media, el consumo oscila los 5,8-6,0 L/100. En ciudad es donde se logran los datos más sorprendentes, y es muy fácil rebajar los 8 L/100 sin esfuerzo. Y es precisamente esto un punto positivo, ya que poniendo algo de empeño, reducir las cifras mencionadas es bien sencillo y se pueden lograr consumos similares a los de un modelo compacto (e incluso mejorarlo).

DATOS OFICIALES

  • Cilindrada: 1.998cc
  • Potencia: 150 CV
  • Par máximo: 350 Nm
  • Velocidad máxima: 200 km/h
  • Aceleración 0 a 100 km/h: 9,2 seg
  • Consumo medio: 5,9 L/100
  • Emisiones de CO2: 154 g/km
  • Cambio: manual 5 velocidades
  • Tracción: Total permanente
  • Longitud: 4,73 metros
  • Anchura: 1,77 metros
  • Altura: 1,54 metros
  • Batalla: 2,67 metros
  • Depósito: 64 litros
LO MÁS
  • Comportamiento
  • Motor y consumos
  • Precio ajustado con descuento
LO MENOS
  • Detalles de equipamiento
  • Cambio (sólo cinco velocidades y bastante tosco)
  • Ausencia de reductora

VALORACIÓN: 8

  • Habitabilidad: 8
  • Maletero: 7,5
  • Sonoridad: 8
  • Comodidad: 8
  • Comportamiento: 8,5
  • Comportamiento en campo: 7,5
  • Frenos: 8
  • Dirección: 7,5
  • Cambio: 6
  • Prestaciones: 8
  • Aceleración: 7,5
  • Recuperaciones: 8
  • Consumos: 8
  • Equipamiento: 8
  • Valor-Precio: 8
VEREDICTO
Hay que reconocer que el Outback de primeras ya me gustaba. Pero es que en el día a día convence por su motor suave y refinado, el equipamiento completo, la comodidad en todo tipo de carreteras y su amplio y luminoso habitáculo. Es una opción más que recomendable frente a otros todocaminos e incluso los familiares convencionales. Y lo mejor de todo es que la exclusividad que aporta este Subaru no cuesta dinero extra, pues con la oferta actual el precio es muy asequible. No hay nada negativo que no aconseje su compra y tan sólo detalles como la ausencia de una sexta marcha o reductora empañan un poco la nota final. El año que viene llegará su relevo y, viendo lo bien que va el actual, lo tiene complicado.


Las fotografías han sido tomadas en zonas transitables. Obedece las señales y circula sólo por vías habilitadas, respetando el entorno.

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