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Categorías: Fiat, Garaje, Compactos

Prueba: Fiat Bravo 2.0 MJet 165 CV Super Sport (2/2)


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Primera parte: Habitáculo, equipamiento y precio

Rápido y económico
Como decíamos en la primera parte, el Bravo 2.0 Multijet de 165 CV es la versión más prestacional y dinámica de la gama. Frente al 1.9 JTD de 150 CV resulta claramente más rápido aunque no por ello es la opción más equilibrada, puesto que ese honor se lo lleva el nuevo 1.6 JTD de 120 CV.

Enfocado a un público que busca un nivel de prestaciones ya importante pero a la vez unos consumos por lo general razonables, el Bravo cumple sobradamente con su cometido. Es cierto que no resulta el mejor en comportamiento y que, en conducción deportiva los consumos no son bajos, pero no tiene puntos flacos que le hagan desmerecer frente a la competencia.


Centrados ya en el motor, se trata de un bloque derivado del 1,9 litros que aumentando en un centímetro el diámetro de sus cilindros, obtiene una cilindrada total de 1.956 cc. Otras modificaciones afectan a la gestión electrónica, el turbo variable y una menor relación de compresión. Con todo esto, el Bravo incrementa su potencia de los 150 hasta los 165 CV, siendo el par máximo de 36,7 mkg.

Motor potente y agradable

Nada más arrancarlo, lo más destacable es que pese al primer traqueteo diésel, una vez ha tomado temperatura la sonoridad disminuye considerablemente, al igual que las vibraciones. En ningún caso son molestas y se agradece. Otra cosa es en aceleraciones, en las que el ruido asalta un interior no muy insonorizado y, aunque a mi el ruido no me ha parecido feo (incluso se podría decir que tiene un toque racing), puede ser molesto.

Insertamos primera y nos disponemos a comprobar el potencial del compacto italiano. De entrada el sistema Hill Holder añade un plus de comodidad al salir del garaje, que con su empinada rampa a veces me complica la existencia (depende del vehículo). Soltamos embrague, aceleramos y ya estamos en movimiento. Meto segunda, acelero suavemente y vaya, las primeras impresiones son las normales de un compacto con unos 110 CV de potencia. Engrano la tercera y decido presionar un poco más el acelerador para percibir ese potencial que promete su ficha técnica. Y lo obtengo. Es cuestión de dosificar bien el pedal derecho para pasar de una cómoda conducción a una bala en toda regla. Tiene fuerza, sube con garra y no desfallece hasta bien entradas las 4.000 vueltas. Lo más curioso es que sin darme cuenta circulo en tercera a velocidades próximas a las máximas legales y todavía queda vida en el motor para seguir subiendo. Meto cuarta, quinta y llego a la sexta. Basta decir que a 120 km/h el motor apenas va revolucionado (2.100 rpm), no se escucha en el interior y sólo el ruido de los neumáticos nos harán sentir que estamos en movimiento.

Lo que más me ha gustado de este motor es la posibilidad de realizar una conducción tranquila sin que se note que va ahogado, es decir, podemos circular con marchas largas a velocidades contenidas y no se siente falto de energía en ningún momento, lo que indica que tenemos un buen par disponible desde pocas revoluciones. En cualquier caso, su mejor momento comienza más allá de las 2.500 rpm y hasta las 3.900 la aguja del tacómetro sube sin miedos ni descansos. Eso es entrega y lo demás tonterías.

Carácter dual

Ya metidos en carreteras secundarias y con muchos camiones circulando a baja velocidad, me toca comprobar que tal se comporta en las recuperaciones. Voy a 80 km/h en sexta, por lo que decido bajar dos marchas para asegurar el adelantamiento en un tiempo mínimo. Acelero y zas, el camión se ha quedado a lo lejos. En unos seis segundos he pasado de la velocidad inicial a 120 km/h, superando al enorme trailer y realizando la maniobra con total seguridad. Esto sí es interesante, mucho más que una velocidad punta elevada, puesto que en el día a día lo que importa es poder incorporarse en las autopistas y adelantar a otros vehículos con soltura, evitando riesgos. Lo mejor del 2.0 MJet es que poco después comprobaría que no habría hecho falta reducir a cuarta, pues en sexta (pese a estar pensada para mejorar los consumos), podría haber superado con éxito esa misma operación.

Consumos ajustados

Los consumos también son muy aceptables, especialmente sí no le pedimos todo el potencial escondido bajo el capó. En ciudad me ha consumido unos 8 L/100 km con tráfico denso pero sin atascos y 8,6 L/100 con parones de esos interminables que desesperan al más tranquilo (es lo que tiene Madrid). Ya en carretera y conduciendo con suavidad, podemos lograr cifras incluso por debajo de los cinco litros, aunque para eso hay que proponérselo. Lo normal es que ronden los 5,5 L/100, cifra desde luego muy buena dada la cilindrada y potencia. Por último nos quedan las autopistas, en las que el Bravo puede realizar cientos de kilómetros sin repostar. Con cifras entorno a los 6,5 L/100 y sus 58 litros de depósito, tenemos una autonomía que roza los 900 km, y no sería difícil alcanzar el millar si nos lo proponemos.

Eso sí, que nadie piense que cuando queramos extraer todo su caballaje las cifras se mantengan similares. Basta decir que en carretera de montaña, apurando las marchas y acelerando sin temor, el ordenador de viaje ha marcado medias de 10-12 L/100 (y no digo el instantáneo para no crear confusión). Aún así, son buenas cifras dado que para alcanzarlas hay que ir a un ritmo muy vivo.

ALGUNOS DATOS

  • Cilindrada: 1.956 cc
  • Potencia: 165 CV
  • Par máximo: 36,7 mkg
  • Velocidad máxima: 215 km/h
  • Aceleración de 0 a 100 km/h: 8,2 seg
  • Consumo medio: 5,3 L/100
  • Emisiones de CO2: 139 g/km
  • Cambio: Manual, de seis velocidades
  • Peso: 1.360 kg
  • Depósito: 58 litros
  • Maletero: 400 litros
  • Longitud: 4,33 m
  • Anchura: 1,79 m
  • Altura: 1,49 m
  • Batalla: 2,60 m

BUEN COMPORTAMIENTO

En general el Bravo en toda su gama tiene un comportamiento sano y equilibrado. Es cierto que no es la referencia del segmento, pero tampoco queda muy atrás de los mejores. En el caso del acabado Super Sport, con suspensiones más enfocadas al dinamismo y una conducción rápida, la situación mejora notablemente y no hay ni balanceos de carrocería ni oscilaciones varias. Va sujeto en todo momento y pese a ello, no resulta incomodo (tampoco es líder en confort). Filtra bien las irregularidades de la carretera aunque en tramos bacheados puede volverse algo seca. De todos modos no es una versión radical y es adecuada para el día a día.

Enlazar curvas cerradas es realmente fácil y tan sólo el control de estabilidad, muy bien reglado de cara a la seguridad, nos frenará un poco el ritmo. Al no ser desconectable, tendremos que obedecer sus órdenes. La dirección por su parte es bastante directa e informa bien de lo que sucede entre las ruedas y el firme. Además es capaz de asimilar el potencial con dignidad aunque en ocasiones y circulando con marchas cortas he tenido que sujetar muy firmemente el volante (no hay muchas pérdidas de tracción pero cabe la posibilidad de que al acelerar a fondo en primera y segunda, las ruedas delanteras pierdan un poco el control, algo lógico y normal).

Ya en ciudad este Bravo es como otro vehículo cualquiera. Gracias al sensor de aparcamiento posterior las maniobras son sencillas y además, nos avisa cuando estamos bien pegaditos al objeto situado detrás, lo que permite aprovechar mejor el espacio disponible, que no siempre es el que nos gustaría. Dirección City y un cambio de funcionamiento correcto por precisión de guiado y rapidez redondean el conjunto.

LO MÁS

  • Capacidad del maletero
  • Motor y prestaciones
  • Precio ajustado

LO MENOS

  • Detalles de equipamiento
  • Calidad de algunos plásticos
  • Sonoridad en frío y aceleraciones

VALORACIÓN: 7,6

  • Habitabilidad: 7,5
  • Maletero: 8
  • Sonoridad: 7,5
  • Comodidad: 7,5
  • Comportamiento: 8
  • Comportamiento en campo: -
  • Frenos: 8
  • Dirección: 7,5
  • Cambio: 7,5
  • Prestaciones: 8
  • Aceleración: 8
  • Recuperaciones: 8,5
  • Consumos: 7,5
  • Equipamiento: 7
  • Valor-Precio: 7,5

CONCLUSIÓN

El Bravo Super Sport es un compacto rápido, amplio y, con promociones, de precio muy asequible. Tiene lagunas de equipamiento pero también es cierto que de serie lleva bastantes más cosas de las que hoy día se consideran imprescindibles. No es incómodo y su maletero uno de los más aprovechables. Para los que busquen un Bravo equilibrado, deberán poner su atención en el 1.6 Mjet de 120 CV, pero los que deseen un alto nivel de prestaciones y un comportamiento más eficaz, con este Súper Sport pueden cumplir sus expectativas. La nota media es de 7,5. Con más equipamiento y una mejor insonorización la nota podría aumentar considerablemente.

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