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Salón de Ginebra: Bitter Vero, un australiano confundido

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Si te suena su cara, es por algo. El Vero nació en la ciudad australiana de Victoria siendo un Holden Statesman, pero Erich Bitter, un carrocero alemán más conocido por sus antiguas preparaciones basadas en modelos de Opel, ha decidido traerlo a Europa con unos cuantos cambios y un precio inexplicablemente abultado.
Siendo el Statesman uno de los favoritos de Autoblog podría pensarse que el Vero es una bendición caída del cielo. Pero no. Porque Bitter, así, de buenas a primeras, ha empezado cambiando el paragolpes original por otro desprovisto de cualquier personalidad. La jugarreta es completada por un capó que modifica la expresión del vehículo con una nueva caída, y si se abren las puertas, puedes comprobar que las modificaciones realizadas en el habitáculo no son precisamente apropiadas.
Gallery: Bitter Vero
Dentro, la labor de retapizado se extiende de los asientos a los paneles de las puertas, e incluso llega al techo con lo que parece ser una capa de terciopelo. Las piezas de plástico que no tienen el color de la piel escogida (como los tiradores) son cubiertas con una pintura de tacto poco convincente. Por lo demás, es un Statesman con todas las de la ley, lo que significa que aunque tiene un diseño más que agradable, la calidad de algunos acabados deja algo que desear. Cuesta bajar el reposabrazos trasero, por ejemplo, el sonido de las puertas no es precisamente convincente, y en una de las unidades de exposición la tapa del cenicero ya estaba rota. Es más, algo me dice que tanto cambio en los paneles va a terminar con más grillos que un museo de entomología.
Todo lo comentado arriba podría tener un pase si el importe del Vero estuviera en la línea del modelo original, pero Bitter se ha subido a la parra. Por un retapizado, un kit de carrocería bastante sencillo y nuevos tubos de escape, la firma alemana pide la friolera de 103.530 euros. Teniendo en cuenta que un Statesman V8 a igualdad de equipamiento cuesta en torno a 45.000 euros, el pellizco que se lleva don Erich es mucho más que sustancial.
Para caprichosos con mucho dinero y nadie más.